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LAUDES


MIÉRCOLES


VERSÍCULO INTRODUCTORIO






O bien:





HIMNO



2.- Calígo terræ scínditur

percússa solis spículo,

rebúsque iam color redit

vultu niténtis síderis.


3.- Sic nostra mox obscúritas

fraudísque pectus cónscium,

ruptis retéctum núbibus,

regnánte palléscet Deo.


4.- Te, Christe, solum nóvimus,

te mente pura et símplici

rogáre curváto genu

flendo et canéndo díscimus.


5.- Inténde nostris sénsibus

vitámque totam díspice:

sunt multa fucis íllita

quæ luce purgéntur tua.


6.- Sit, Christe, rex piíssime,

tibi Patríque glória

cum Spíritu Paráclito,

in sempitérna sǽcula. Amén.



TRADUCCIÓN


Noche, tinieblas, nubes,

lo confuso del mundo y turbio:

se abre la luz, el día clarea,

viene Cristo; apartaos.


Se rasga la oscuridad de la tierra,

herida por los rayos del sol,

y ante el espléndido astro,

los seres comienzan a revestirse de color.


También a nuestro corazón oscuro,

sabedor de sus culpas,

cuando Dios lo llena,

se le abre el día y se ennoblece.


Sólo a ti, oh Cristo, te confesamos,

con ánimo sencillo y limpio,

y, de rodillas, gimiendo y cantando,

aprendemos a suplicarte..


Ten en cuenta nuestro sentir

y contempla nuestra vida entera:

no es poco en ella lo teñido de falso,

que necesita expiarse con tu luz.


Gloria a ti, Cristo, Rey clementísimo,

y también al Padre,

con el Espíritu Paráclito,

por los siglos sin término. Amen.


O bien:




2.- Ya pregona la aurora vigilante, / la llegada feliz del nuevo día;

presurosos salgamos a su encuentro, / emprendamos alegres la mañana.


3.- Pon tus ojos, Jesús, sobre nosotros, / no nos cubra la noche del pecado:

a tu luz las tinieblas se iluminan, / las maldades en llanto se desatan.


4.- Enardece, Señor, los corazones, / multiplica el anhelo de las almas;

suba a ti como ofrenda mañanera, / la oración y los cantos de tus fieles.


5.- Bendición, alabanza y poderío, / a Dios Padre y al Hijo, luz del mundo,

en unión del divino y santo Espíritu, / desde siempre, por siempre y para siempre.

Amén.


SALMODIA


ANT. 1



Salmo 96


1 El Señor reina, la tierra goza,

se alegran las islas innumerables.

2 Tiniebla y Nube lo rodean,

Justicia y Derecho sostienen su trono.

3 Delante de él avanza fuego

abrasando en torno a los enemigos;

4 sus relámpagos deslumbran el orbe,

y viéndolos, la tierra se estremece;

5 los montes se derriten como cera

ante el dueño de toda la tierra.

6 Los cielos pregonan su justicia

y todos los pueblos contemplan su gloria;

7 los que adoran estatuas se sonrojan,

y los que ponen su orgullo en los ídolos.

Ante él se postran todos los dioses:

8 o oye Sión, y se alegra.

Se regocijan las ciudades de Judá

por tus sentencias, Señor;

9 porque tú eres, Señor, /

altísimo sobre toda la tierra,

encumbrado sobre todos los dioses.

10 El Señor ama al que aborrece el mal, /

protege la vida de sus fieles

y los libra de los malvados.

11 Amanece la luz para el justo,

y la alegría para los rectos de corazón.

12 Alegraos, justos, con el Señor,

celebrad su santo nombre.


ANT. 2



Salmo 35


2 El malvado escucha en su interior

un oráculo del pecado:

“No tengo miedo a Dios

ni en su presencia”.

3 Porque se hace la ilusión de que su culpa

no será descubierta ni aborrecida.

4 Las palabras de su boca son maldad y traición,

renuncia a ser sensato y a obrar bien;

5 acostado medita el crimen, /

se obstina en el mal camino,

no rechaza la maldad.

6 Señor, tu misericordia llega al cielo,

tu fidelidad hasta las nubes,

7 tu justicia hasta las altas cordilleras,

tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales

8 ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!

Los humanos se acogen a la sombra de tus alas, /

9 se nutren de lo sabroso de tu casa,

les das a beber del torrente de tus delicias:

10 porque en ti está la fuente viva

y tu luz nos hace ver la luz.

11 Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,

tu justicia, con los rectos de corazón;

12 que no me pisotee el pie del soberbio

que no me eche fuera la mano del malvado.

13 Han fracasado los malhechores,

derribados, no se pueden levantar.


ANT. 3



Salmo 56


2 Misericordia, Dios mío, misericordia,

que mi alma se refugia en ti;

me refugio a la sombra de tus alas

mientras pasa la calamidad.

3 Invoco al Dios Altísimo,

al Dios que hace tanto por mí.

4 Desde el cielo me enviará la salvación, /

confundirá a los que ansían matarme,

enviará su gracia y su lealtad.

5 Estoy echado entre leones

devoradores de hombres;

sus dientes son lanzas y flechas,

su lengua es una espada afilada.

6 Elévate sobre el cielo, Dios mío,

y llene la tierra tu gloria.

7 Han tendido una red a mis pasos,

para que sucumbiera;

me han cavado delante una fosa,

pero han caído en ella.

8 Mi corazón está firme, Dios mío,

mi corazón está firme.

Voy a cantar y a tocar:

9 espierta, gloria mía;

despertad, cítara y arpa,

despertaré a la aurora.

10 Te daré gracias ante los pueblos, Señor,

tocaré para ti ante las naciones:

11 por tu bondad que es más grande que los cielos,

por tu fidelidad que alcanza a las nubes.

12 Elévate sobre el cielo, Dios mío,

y llene la tierra tu gloria.




ANT. 4:

Semana impar




Cántico AT 7

Jdt 16,2-3.15-19

2 ¡Cantad a mi Dios con panderos,

celebrad al Señor con platillos,

con un cántico nuevo,

invocad y ensalzad su nombre!

3 Porque el Señor es un Dios que pone fin a las guerras,

su nombre es el Señor.

15 Cantaré a mi Dios un cántico nuevo: /

16 Señor, tú eres grande y glorioso,

admirable en tu fuerza, invencible.

17 Que te sirva toda la creación,

porque tú lo mandaste, y existió;

enviaste tu aliento, y la construiste,

nada puede resistir a tu voz.

18 Sacudirán las olas los cimientos de los montes, /

las peñas en tu presencia se derretirán como cera,

19pero tú serás propicio a tus fieles.


Se repite la antífona



Semana par




Cántico AT 3

1 S 2,1-10

1 Mi corazón se regocija por el Señor,

mi poder se exalta por Dios,

mi boca se ríe de mis enemigos,

porque gozo con tu salvación.

2 No hay santo como el Señor,

no hay roca como nuestro Dios.

3 No multipliquéis discursos altivos,

no echéis por la boca arrogancias,

porque el Señor es un Dios que sabe,

él es quien pesa las acciones.

4 Se rompen los arcos de los valientes

mientras los cobardes se ciñen de valor;

5 los hartos se contratan por el pan,

mientras los hambrientos engordan;

la mujer estéril da a luz siete hijos,

mientras la madre de muchos queda baldía.

6 El Señor da la muerte y la vida,

hunde en el abismo y levanta;

7 da la pobreza y la riqueza,

humilla y enaltece.

8 Él levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para hacer que se siente entre príncipes

y que herede un trono de gloria;

pues del Señor son los pilares de la tierra,

y sobre ellos afianzó el orbe.

9 Él guarda los pasos de sus amigos, /

mientras los malvados perecen en las tinieblas

-porque el hombre no triunfa por su fuerza-.

10 El Señor desbarata a sus contrarios, /

el Altísimo truena desde el cielo,

el Señor juzga hasta el confín de la tierra.

Él da fuerza a su Rey,

exalta el poder de su Ungido.


Se repite la antífona



ANT. 5:




Salmo 149


1 ¡Aleluya!

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

2 que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

3 Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

4 porque el Señor ama a su pueblo,

y adorna con la victoria a los humildes.

5 Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

6 con vítores a Dios en la boca,

y espadas de dos filos en las manos;

7 para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

8 sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

9 Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles. ¡Aleluya!



LECTURA BREVE I Tb 4,15a.16a.18-19

No hagas a otro lo que a ti no te agrada. Da tu pan al hambriento y tu ropa al desnudo. Pide consejo al sensato y no desprecies un consejo útil. Bendice al Señor Dios en todo momento, y pídele que allane tus caminos y que te dé éxito en tus empresas y proyectos.



LECTURA BREVE II Rm 8,35.37

¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? En todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado.



LECTURA BREVE III Jb 1,21; 2,10b

Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?



LECTURA BREVE IV Dt 4,39-40a

Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo.



RESPONSORIO BREVE I





O bien:




RESPONSORIO BREVE II







O bien:






ANT. BENEDICTUS





O bien:





Cántico NT 2: Benedictus

Lc 1,68-79

68 Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

69 suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

70 según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

71 Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

72 realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

73 y el juramento que juró

a nuestro padre Abrahán.

74 Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

75 le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

76 Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, /

porque irás delante del Señor,

a preparar sus caminos,

77 anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

78 Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

79 para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte;

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.


Se repite la antífona



SÚPLICA DE LA LETANÍA Y PADRE NUESTRO



ORACIÓN I

Señor, Dios salvador nuestro, danos tu ayuda, para que siempre deseemos las obras de la luz y realicemos la verdad: así, los que de ti hemos nacido como hijos de la luz, seremos tus testigos ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN II

Envía, Señor, a nuestros corazones la abundancia de tu luz, para que, avanzando siempre por el camino de tus mandatos, nos veamos libres de todo error. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN III

Señor, infunde en nuestras almas la claridad de tu luz y, pues con tu sabiduría nos has creado y con tu providencia nos gobiernas, haz que nuestro vivir y nuestro obrar estén del todo consagrados a ti. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN IV

Recuerda, Señor, tu santa alianza, consagrada con el nuevo sacramento de la sangre del Cordero, para que tu pueblo obtenga el perdón de sus pecados y un aumento constante de salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


R. Amén.



VERSÍCULO FINAL





O bien: