VÍSPERAS


JUEVES



VERSÍCULO INTRODUCTORIO




O bien




HIMNO






2.- Demérsa lymphis ímprimens

subvécta cælis írrogans,

ut, stirpe una pródita,

divérsa répleant loca.


3.- Largíre cunctis sérvulis,

quos mundat unda sánguinis,

nescíre lapsus críminum

nec ferre mortis tǽdium.


4.- Ut culpa nullum déprimat,

nullum levet iactántia,

elísa mens ne cóncidat,

eláta mens ne córruat.


5.- Præsta, Pater piíssime,

Patríque compar Únice,

cum Spíritu Paráclito,

regnans per omne sǽculum. Amen.


TRADUCCIÓN


Oh Dios Todopoderoso,

que del conjunto de las aguas,

parte devuelves al mar,

y parte elevas al cielo.


Sumerges a los peces en las aguas

y reservas el cielo para las aves,

para que, procediendo del mismo origen,

ocupen las regiones más diversas.


Impide, Señor, a tus siervos,

purificados por el flujo de tu Sangre,

caer en el engaño del pecado,

y sufrir el quebranto de la muerte.


Y así, a nadie depriman sus culpas,

ninguno se engría por la soberbia;

que el alma abatida no desfallezca,

y la que está levantada no caiga.


Concédenoslo, Padre misericordioso,

que con tu Hijo Unigénito,

y el Espíritu Paráclito,

reinas por los siglos de los siglos. Amén.



O bien:




2.- Sumergiendo a los unos en la hondura, / a tu altura levantas a los otros,

y salidos de único origen, / en lugares distintos los expandes.


3.- A tus hijos, nacidos de las aguas / de tu Iglesia, la madre de los hombres,

nueva vida concede, permanente, / y el gozo del cielo siempre abierto.


4.- Que a nadie deprima la angustia, / no exalte el orgullo al hermano,

que el alma caída no se abata, / ni se engría el ser por ti amado.


5.- Homenaje recibe de tus obras, / Trinidad sempiterna en los cielos,

tu Aliento da vida a los seres, / en el Verbo creados por el Padre. Amén.


SALMODIA


ANT. 1:




Salmo 110


1 ¡Aleluya!

Doy gracias al Señor de todo corazón,

en compañía de los rectos, en la asamblea.

2 Grandes son las obras del Señor,

dignas de estudio para los que las aman.

3 Esplendor y belleza son su obra,

su generosidad dura por siempre;

4 ha hecho maravillas memorables,

el Señor es piadoso y clemente:

5 él da alimento a sus fieles,

recordando siempre su alianza.

6 Mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,

dándoles la heredad de los gentiles.

7 Justicia y verdad son las obras de sus manos,

todos sus preceptos merecen confianza:

8 son estables para siempre jamás,

se han de cumplir con verdad y rectitud.

9 Envió la redención a su pueblo, /

ratificó para siempre su alianza:

su nombre es sagrado y temible.

10 Primicia de la sabiduría es el temor del Señor, /

tienen buen juicio los que lo practican;

la alabanza del Señor dura por siempre.


Se repite la antífona


ANT. 2:




Salmo 22


1 El Señor es mi pastor,

nada me falta:

2 en verdes praderas me hace recostar; /

me conduce hacia fuentes tranquilas

3y repara mis fuerzas;

me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre.

4 Aunque camine por cañadas oscuras, /

nada temo, porque tú vas conmigo:

tu vara y tu cayado me sosiegan.

5 Preparas una mesa ante mí

enfrente de mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa.

6 Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término.


Se repite la antífona


ANT. 3:




Salmo 83


2 ¡Qué deseables son tus moradas,

Señor de los Ejércitos!

3 Mi alma se consume y anhela

los atrios del Señor,

mi corazón y mi carne

retozan por el Dios vivo.

4 Hasta el gorrión ha encontrado una casa, /

y la golondrina, un nido

donde colocar sus polluelos:

tus altares, Señor de los Ejércitos,

rey mío y Dios mío.

5 Dichosos los que viven en tu casa

alabándote siempre.

6 Dichosos los que encuentran en ti su fuerza

al preparar su peregrinación:

7 cuando atraviesan áridos valles

los convierten en oasis,

como si la lluvia temprana

los cubriera de bendiciones;

8 caminan de baluarte en baluarte

hasta ver a Dios en Sión.

9 Señor de los Ejércitos, escucha mi súplica,

atiéndeme, Dios de Jacob.

10 Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo,

mira el rostro de tu Ungido.

11 Vale más un día en tus atrios

que mil en mi casa,

y prefiero el umbral de la casa de Dios

a vivir con los malvados.

12 Porque el Señor es sol y escudo,

él da la gracia y la gloria.

El Señor no niega sus bienes

a los de conducta intachable.

13 ¡Señor de los Ejércitos,

dichoso el hombre que confía en ti!


Se repite la antífona


ANT. 4:




Salmo 39


2 Yo esperaba con ansia al Señor:

él se inclinó y escuchó mi grito;

3 me levantó de la fosa fatal

de la charca fangosa;

afianzó mis pies sobre roca

y aseguró mis pasos;

4 me puso en la boca un cántico nuevo,

un himno a nuestro Dios.

Muchos al verlo quedaron sobrecogidos

y confiaron en el Señor.

5 Dichoso el hombre que ha puesto

su confianza en el Señor,

y no acude a los idólatras

que se extravían con engaños.

6 Cuántas maravillas has hecho,

Señor Dios mío,

cuántos planes en favor nuestro:

nadie se te puede comparar.

Intento proclamarlas, decirlas,

pero superan todo número.

7 Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, /

y en cambio me abriste el oído;

no pides sacrificio expiatorio,

8 entonces yo digo: “Aquí estoy”, /

–como está escrito en mi libro–

9“para hacer tu voluntad”.

Dios mío, lo quiero,

y llevo tu ley en las entrañas.

10 He proclamado tu salvación

ante la gran asamblea;

no he cerrado los labios:

Señor, tú lo sabes.

11 No me he guardado en el pecho tu defensa,

he contado tu fidelidad y tu salvación,

no he negado tu misericordia y tu lealtad,

ante la gran asamblea.

12 Tú, Señor, no me cierres tus entrañas, /

que tu misericordia y tu lealtad

me guarden siempre,

13 porque me cercan desgracias sin cuento, /

se me echan encima mis culpas,

y no puedo huir;

son más que los pelos de mi cabeza,

y me falta el valor.

14 Señor, dígnate librarme,

Señor, date prisa en socorrerme;

15 sufran una derrota ignominiosa

los que me persiguen a muerte;

vuelvan la espalda afrentados

los que traman mi daño;

16 queden mudos de vergüenza

los que se ríen de mí.

17 Alégrense y gocen contigo,

todos los que te buscan;

digan siempre: “Grande es el Señor”,

los que desean tu salvación.

18 Yo soy pobre y desgraciado,

pero el Señor cuida de mí;

tú eres mi auxilio y mi liberación:

Dios mío, no tardes.


Se repite la antífona


ANT. 5:




Cántico NT 20

Ap 11,17-18;12,10b-12a

17 Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,

el que eres y el que eras,

porque has asumido el gran poder

y comenzaste a reinar.

18 Se encolerizaron las gentes,

llegó tu cólera,

y el tiempo de que sean juzgados los muertos,

y de dar el galardón

a tus siervos, los profetas, y a los santos

y a los que temen tu nombre,

y a los pequeños y a los grandes,

y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

10 Ahora se estableció la salud y el poderío, /

y el reinado de nuestro Dios,

y la potestad de su Cristo;

porque fue precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que día y noche

los acusaba ante nuestro Dios.

11 Ellos le vencieron /

en virtud de la sangre del Cordero

y por la palabra del testimonio que dieron,

y no amaron tanto su vida

que temieran la muerte.

12 Por esto, estad alegres, cielos,

y los que moráis en sus tiendas.


Se repite la antífona



LECTURA BREVE I 1 P 1,6-9

Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego- llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.



LECTURA BREVE II 1 P 1,22-23

Ahora que estáis purificados por vuestra obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente. Mirad que habéis vuelto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y duradera.



LECTURA BREVE III 1 P 3,8-9

Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.



LECTURA BREVE IV Col 1,23

Permaneced cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis. Es el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo.



RESPONSORIO BREVE I




O bien:





RESPONSORIO BREVE II




O bien:





ANT. MAGNÍFICAT:






O bien:




Cántico NT 1: Magníficat

Lc 1,46-55

46 Proclama mi alma

la grandeza del Señor,

47 se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

48porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

49porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo, /

50 y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

51 Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

52 derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

53 a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

54 Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

55 –como lo había prometido a nuestros padres–

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.


Se repite la antífona


SÚPLICA DE LA LETANÍA Y PADRE NUESTRO


ORACIÓN I

Tú, Señor, que iluminas la noche y haces que después de las tinieblas amanezca nuevamente la luz, haz que, durante la noche que ahora empieza, nos veamos exentos de toda culpa y que, al clarear el nuevo día, podamos reunirnos otra vez en tu presencia para darte gracias nuevamente. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN II

Al ofrecerte, Señor, nuestra alabanza vespertina, te pedimos humildemente que, meditando tu ley día y noche, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN III

Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas que, por la fragilidad de la condición humana, hemos cometido en este día. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN IV

Acoge benigno, Señor, nuestra súplica vespertina y haz que, siguiendo las huellas de tu Hijo, fructifiquemos con perseverancia en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo.


R. Amén.


VERSÍCULO FINAL




O bien: