VÍSPERAS


LUNES




VERSÍCULO INTRODUCTORIO




O bien





HIMNO





2.- Firmans locum cæléstibus

simúlque terræ rívulis,

ut unda flammas témperet,

terræ solum ne díssipet:


3.- Infúnde nunc, piíssime,

donum perénnis grátiæ,

fraudis novæ ne cásibus

nos error átterat vetus.


4.- Lucem fides invéniat,

sic lúminis iubar ferat;

hæc vana cuncta térreat,

hanc falsa nulla cómprimant.


5.-Præsta, Pater, piíssime,

Patríque compar Únice,

cum Spíritu Paráclito

regnans per omne sǽculum. Amen.


TRADUCCIÓN


Oh supremo Creador del firmamento,

que para definir lo que estaba confuso,

separaste el torbellino de las aguas,

estableciendo por límite el cielo.


Fijaste un lugar para los astros,

y unas orillas también para los ríos,

a fin de que el agua suavizase al fuego,

y la tierra no quedara estéril.


Ahora, Señor, te pedimos,

que infundas el don de la gracia,

para que el viejo error del pecado

no nos trastorne con un nuevo engaño.


Que la fe nos preste su luz,

y entonces, al fulgor de este lucero,

se disipen las apariencias vanas,

y ningún error la encoja.


Concédenoslo, Padre misericordioso,

que con tu Hijo Unigénito

y el Espíritu Paráclito,

reinas por los siglos. Amén.





O bien:




2.- Sus cauces respectivos tú les diste / a ríos en el cielo y en la tierra,

y sus olas el fuego dominaron / para que el suelo no se consumiera.


3.- Infúndenos, ahora, bondadoso, / el don sagrado de la vida eterna;

que los viejos errores no nos aten / con nuevas culpas de malicia antigua.


4.- Los dones de la fe la luz aumenten / y brille con inmensos resplandores;

que destruya y disipe lo que es vano / y que lo falso nunca la detenga.


5.- Escucha nuestra voz, oh Padre amado, / que junto con tu Hijo Jesucristo

y el Espíritu Santo, vida nuestra / reinas y reinarás en todo siglo. Amén.


SALMODIA


ANT. 1:




Salmo 32


1 Aclamad, justos, al Señor,

que merece la alabanza de los buenos;

2 dad gracias al Señor con la cítara,

tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;

3 cantadle un cántico nuevo,

acompañando los vítores con bordones:

4 que la palabra del Señor es sincera,

y todas sus acciones son leales;

5 él ama la justicia y el derecho,

y su misericordia llena la tierra.

6 La palabra del Señor hizo el cielo;

el aliento de su boca, sus ejércitos;

7 encierra en un odre las aguas marinas,

mete en un depósito el océano.

8 Tema al Señor la tierra entera,

tiemblen ante él los habitantes del orbe:

9 porque él lo dijo, y existió,

él lo mandó, y surgió.

10 El Señor deshace los planes de las naciones,

frustra los proyectos de los pueblos;

11 pero el plan del Señor subsiste por siempre,

los proyectos de su corazón, de edad en edad.

12 Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,

el pueblo que él se escogió como heredad.

13 El Señor mira desde el cielo,

se fija en todos los hombres;

14 desde su morada observa

a todos los habitantes de la tierra:

15 él modeló cada corazón,

y comprende todas sus acciones.

16 No vence el rey por su gran ejército,

no escapa el soldado por su mucha fuerza,

17 nada valen sus caballos para la victoria,

ni por su gran ejército se salva.

18 Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,

en los que esperan en su misericordia,

19 para librar sus vidas de la muerte

y reanimarlos en tiempo de hambre.

20 Nosotros aguardamos al Señor:

él es nuestro auxilio y escudo;

21 con él se alegra nuestro corazón,

en su santo nombre confiamos.

22 Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

como lo esperamos de ti.


Se repite la antífona


ANT. 2:




Salmo 60


2 Dios mío, escucha mi clamor,

atiende a mi súplica.

3 Te invoco desde el confín de la tierra

con el corazón abatido:

llévame a una roca inaccesible /

4 porque tú eres mi refugio

y mi bastión contra el enemigo.

5 Habitaré siempre en tu morada

refugiado al amparo de tus alas;

6 porque tú, oh Dios, escucharás mis votos,

y me darás la heredad de los que veneran tu nombre.

7 Añade días a los días del rey,

que sus años alcancen varias generaciones;

8 que reine siempre en presencia de Dios,

que tu gracia y tu lealtad le hagan guardia.

9 Yo tañeré siempre en tu honor,

e iré cumpliendo mis votos día tras día.


Se repite la antífona


ANT. 3:




Salmo 27


1 A ti, Señor, te invoco,

Roca mía, no seas sordo a mi voz;

que si no me escuchas,

seré igual que los que bajan a la fosa.

2 Escucha mi voz suplicante

cuando te pido auxilio,

cuando alzo las manos

hacia tu santuario.

3 No me arrebates con los malvados

ni con los malhechores,

que hablan de paz con el prójimo,

pero llevan la maldad en el corazón.

4 Trátalos según sus acciones,

según su mala conducta;

págales las obras de sus manos,

y dales su merecido.

5 Porque ignoran las acciones de Dios /

y las obras de sus manos,

que él los destruya sin remedio.

6 Bendito el Señor, que escuchó

mi voz suplicante;

7 el Señor es mi fuerza y mi escudo:

en él confía mi corazón;

me socorrió, y mi corazón se alegra

y le canta agradecido.

8 El Señor es fuerza para su pueblo,

apoyo y salvación para su ungido.

9 Salva a tu pueblo y bendice tu heredad,

sé su pastor y llévalos siempre.


Se repite la antífona


ANT. 4:




Salmo 47


[2 Grande es el Señor, y muy digno de alabanza

en la ciudad de nuestro Dios.]

3 Su Monte Santo, una altura hermosa,

alegría de toda la tierra:

el monte Sión, vértice del cielo,

ciudad del gran rey.

4 Entre sus palacios,

Dios descuella como un alcázar.

5 Mirad: los reyes se aliaron

para atacarla juntos;

6 pero al verla, quedaron aterrados

y huyeron despavoridos;

7 allí los agarró un temblor

y dolores como de parto;

8 como un viento del desierto que destroza

las naves de Tarsis.

9 Lo que habíamos oído lo hemos visto

en la ciudad del Señor de los Ejércitos,

en la ciudad de nuestro Dios:

que Dios la ha fundado para siempre.

10 Oh Dios, meditamos tu misericordia

en medio de tu templo:

11 como tu renombre, oh Dios,

tu alabanza llega al confín de la tierra;

tu diestra está llena de justicia:

12el monte Sión se alegra,

las ciudades de Judá se gozan

con tus sentencias.

13 Dad la vuelta en torno a Sión,

contando sus torreones;

14 fijaos en sus baluartes,

observad sus palacios:

para poder decirle a la próxima generación: /

15 “Éste es el Señor nuestro Dios”.

Él nos guiará por siempre jamás.


Se repite la antífona


ANT. 5:




Cántico NT 10

Ef 1,3-10

3 Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

4 Él nos eligió en la persona de Cristo

antes de crear el mundo,

para que fuésemos santos

e irreprochables ante él por el amor.

5 Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya, a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

6 en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

7 Por este Hijo, por su sangre, /

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

8 El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

9 dándonos a conocer

el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

10 recapitular en Cristo todas las cosas

del cielo y de la tierra.


Se repite la antífona



LECTURA BREVE I Col 1,9b-11

Conseguid un conocimiento perfecto de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenas y aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría.



LECTURA BREVE II 1 Ts 2,13

No cesamos de dar gracias a Dios; porque al recibir la Palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis, no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como Palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.



LECTURA BREVE III St 4,11-13a

Dejad de denigraros unos a otros, hermanos. Quien denigra a su hermano o juzga a su hermano denigra a la ley y juzga la ley; y, si juzgas a la ley, ya no la estás cumpliendo, eres su juez. Uno solo es el legislador y juez: el que puede salvar y destruir. ¿Quién eres tú para juzgar al prójimo?



LECTURA BREVE IV 1 Ts 3,12-13

Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.



RESPONSORIO BREVE I




O bien:





RESPONSORIO BREVE II




O bien:





ANT. MAGNIFICAT:




O bien:




Cántico NT 1: Magníficat

Lc 1,46-55

46 Proclama mi alma

la grandeza del Señor,

47 se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

48porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

49porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo, /

50 y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

51 Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

52 derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

53 a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

54 Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

55 –como lo había prometido a nuestros padres–

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.


Se repite la antífona


SÚPLICA DE LA LETANÍA Y PADRE NUESTRO



ORACIÓN I

Nuestro humilde servicio, Señor, proclame tu grandeza, y, ya que por nuestra salvación te dignaste mirar la humillación de la Virgen María, te rogamos nos enaltezcas llevándonos a la plenitud de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN II

Dios todopoderoso y eterno, que has querido asistirnos en el trabajo que nosotros, tus pobres siervos, hemos realizado hoy, al llegar al término de este día, acoge nuestra ofrenda de la tarde, en la que te damos gracias por todos los beneficios que de ti hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN III

Señor, tú que con razón eres llamado luz indeficiente, ilumina nuestro espíritu, en esta hora vespertina, y dígnate perdonar benignamente nuestras faltas. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN IV

Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque atardece; sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra débil esperanza; así, nosotros, junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la fracción del pan. Tú que vives y reinas.


R. Amén.


VERSÍCULO FINAL




O bien: