VÍSPERAS


MIÉRCOLES



VERSÍCULO INTRODUCTORIO




O bien




HIMNO






2.- Quarto die qui flámmeam

solis rotam constítuens,

lunæ minístras órdini

vagos recúrsus síderum.



3.- Ut nóctibus vel lúmini

diremptiónis términum,

primórdiis et ménsium

signum dares notíssimum.



4.- Illúmina cor hóminum,

abstérge sordes méntium,

resólve culpæ vínculum,

evérte moles críminum.



5.- Præsta, Pater piíssime,

Patríque compar Únice,

cum Spíritu Paráclito

regnans per omne sǽculum. Amen.


TRADUCCIÓN

Oh Dios altísimo del cielo,

que para aumentar su belleza,

adornaste el centro del firmamento,

con un vivísimo resplandor de fuego.


Y además, al crear en el cuarto día

ese disco solar que nos deslumbra,

fijaste los cursos errantes de los astros,

subordinadas a la órbita lunar.


Así, al fijar un límite de separación,

no sólo las noches y los días,

sino también el inicio de los meses,

les distinguiste con una señal cierta.


Ilumina, pues, nuestros corazones,

despeja de miserias nuestras almas,

desata el nudo de nuestras culpas

y derriba la mole de nuestros pecados.


Concédenoslo, Padre misericordioso,

que con tu Hijo Unigénito,

y el Espíritu Paráclito, reinas

por los siglos de los siglos. Amén.



O bien:




2.- En la cuarta jornada encendiste / el gran astro del día y el nocturno,

señalaste su curso a los planetas, / por los siglos sus órbitas perduran.


3.- Pon tu sol en las almas de los hombres, / de sus mentes expulsa toda noche,

que te adoren y busquen sin descanso / y en sus días resuene tu alabanza.


4.- Haz que sepan seguir en tus caminos, / comprender el sentido de tus dones

y, obedientes al límite trazado, / alcanzar la gran dicha prometida.


5.- Tu favor danos, Padre poderoso, / sea Cristo el sol de nuestra vida,

y el Espíritu Santo, nuestra senda / a la meta eterna de los cielos. Amén.



SALMODIA


ANT. 1:



Salmo 102


1 Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

2 Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios.

3 Él perdona todas tus culpas,

y cura todas tus enfermedades;

4 él rescata tu vida de la fosa

y te colma de gracia y de ternura;

5 él sacia de bienes tus anhelos,

y como un águila se renueva tu juventud.

6 El Señor hace justicia

y defiende a todos los oprimidos;

7 enseñó sus caminos a Moisés

y sus hazañas a los hijos de Israel.

8 El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia;

9 no está siempre acusando,

ni guarda rencor perpetuo.

10 No nos trata como merecen nuestros pecados,

ni nos paga según nuestras culpas;

11 como se levanta el cielo sobre la tierra,

se levanta su bondad sobre sus fieles;

12 como dista el oriente del ocaso,

así aleja de nosotros nuestros delitos;

13 como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles;

14 porque él conoce nuestra masa,

se acuerda de que somos barro.

15 Los días del hombre duran lo que la hierba,

florecen como flor del campo,

16 que el viento la roza, y ya no existe,

su terreno no volverá a verla.

17 Pero la misericordia del Señor dura siempre,

su justicia pasa de hijos a nietos:

18 para los que guardan la alianza

y recitan y cumplen sus mandatos.

19 El Señor puso en el cielo su trono,

su soberanía gobierna el universo.

20 Bendecid al Señor, ángeles suyos: /

poderosos ejecutores de sus órdenes,

prontos a la voz de su palabra.

21 Bendecid al Señor, ejércitos suyos,

servidores que cumplís sus deseos.

22 Bendecid al Señor, todas sus obras, /

en todo lugar de su imperio.

Bendice, alma mía, al Señor.

Se repite la antífona


ANT. 2:




Salmo 85


1 Inclina tu oído, Señor, escúchame,

que soy un pobre desamparado;

2 protege mi vida, que soy un fiel tuyo,

salva a tu siervo que confía en ti;

3 tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,

que a ti te estoy llamando todo el día;

4 alegra el alma de tu siervo,

pues levanto mi alma hacia ti;

5 porque tú, Señor, eres bueno y clemente,

rico en misericordia con los que te invocan.

6 Señor, escucha mi oración,

atiende a la voz de mi súplica;

7 en el día del peligro te llamo,

porque tú me escuchas.

8 No tienes igual entre los dioses, Señor,

ni hay obras como las tuyas.

9 Todos los pueblos vendrán /

a postrarse en tu presencia, Señor,

bendecirán tu nombre:

10 “Grande eres tú, y haces maravillas,

tú eres el único Dios”.

11 Enséñame, Señor, tu camino,

para que siga tu verdad;

mantén mi corazón entero

en el temor de tu nombre.

12 Te alabaré de todo corazón, Dios mío,

daré gloria a tu nombre por siempre,

13 por tu grande piedad para conmigo,

porque me salvaste del Abismo profundo.

14 Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí, /

una banda de insolentes atenta contra mi vida,

sin tenerte en cuenta a ti.

15 Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,

lento a la cólera, rico en piedad y leal,

16 mírame, ten compasión de mí, /

da fuerza a tu siervo,

salva al hijo de tu esclava.

17 Dame una señal propicia, /

que la vean mis adversarios y se avergüencen,

porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Se repite la antífona


ANT. 3:




Salmo 84


2 Señor, has sido bueno con tu tierra,

has restaurado la suerte de Jacob,

3 has perdonado la culpa de tu pueblo,

has sepultado todos sus pecados,

4 has reprimido tu cólera,

has frenado el incendio de tu ira.

5 Restáuranos, Dios salvador nuestro,

cesa en tu rencor contra nosotros.

6 ¿Vas a estar siempre enojado,

o a prolongar tu ira de edad en edad?

7 ¿No vas a devolvernos la vida,

para que tu pueblo se alegre contigo?

8 Muéstranos, Señor, tu misericordia

y danos tu salvación.

9 Voy a escuchar lo que dice el Señor:

“Dios anuncia la paz

a su pueblo y a sus amigos

y a los que se convierten de corazón”.

10 La salvación está ya cerca de sus fieles

y la gloria habitará en nuestra tierra;

11 la misericordia y la fidelidad se encuentran,

la justicia y la paz se besan;

12 la fidelidad brota de la tierra

y la justicia mira desde el cielo.

13 El Señor nos dará la lluvia,

y nuestra tierra dará su fruto.

14 La justicia marchará ante él,

la salvación seguirá sus pasos.

Se repite la antífona


ANT. 4:




Salmo 86


2 Él la ha cimentado sobre el monte santo: /

y el Señor prefiere las puertas de Sión

a todas las moradas de Jacob.

3 ¡Qué pregón tan glorioso para ti,

ciudad de Dios!

4 “Contaré a Egipto y a Babilonia

entre mis fieles;

filisteos, tirios y etíopes

han nacido allí”.

5 Se dirá de Sión: “Uno por uno /

todos han nacido en ella:

el Altísimo en persona la ha fundado”.

6 El Señor escribirá en el registro de los pueblos:

“Éste ha nacido allí”.

7 Y cantarán mientras danzan:

“Todas mis fuentes están en ti”.

Se repite la antífona


ANT. 5:




Cántico NT 12

Col 1,12-20

12 Damos gracias a Dios Padre, /

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

13 Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

14 por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

15 Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda criatura;

16 porque por medio de él

fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres,

visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

17 Él es anterior a todo,

y todo se mantiene en él.

18 Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.

Él es el principio,

el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

19 Porque en él quiso Dios

que residiera toda la plenitud.

20 Y por él quiso reconciliar consigo

todos los seres:

los del cielo y los de la tierra,

haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Se repite la antífona



LECTURA BREVE I St 1,22.25

Llevad a la práctica la ley y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en la ley perfecta, la de la libertad, y es constante, no para oír y olvidarse, sino para ponerla por obra, éste será dichoso al practicarla.



LECTURA BREVE II 1 P 5,5b-7

Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, para dar su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, porque él se interesa por vosotros.



LECTURA BREVE III Ef 3,20-21

A Dios, que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.



LECTURA BREVE IV 1 Jn 2,3-6

En esto sabemos que conocemos a Cristo: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo lo conozco”, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él.



RESPONSORIO BREVE I




O bien:





RESPONSORIO BREVE II




O bien:





ANT. MAGNÍFICAT:




O bien:



Cántico NT 1: Magnificat

Lc 1,46-55

46 Proclama mi alma

la grandeza del Señor,

47 se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

48 porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

49 porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo, /

50 y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

51 Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

52 derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

53 a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

54 Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

55 –como lo había prometido a nuestros padres–

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Se repite la antífona


SÚPLICA DE LA LETANÍA Y PADRE NUESTRO



ORACIÓN I

Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la noche; tú que eres inmutable, danos siempre firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y las horas. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN II

Oh Dios, tu nombre es santo, y tu misericordia llega a tus fieles de generación en generación; atiende, pues, las súplicas de tu pueblo y haz que pueda proclamar eternamente tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN III

Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia, a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y con tu protección vivamos confiados. Por nuestro Señor Jesucristo.


ORACIÓN IV

Acuérdate, Señor, de tu misericordia y, ya que a los hambrientos los colmas de bienes celestiales, socorre nuestra indigencia con la abundancia de tus riquezas. Por nuestro Señor Jesucristo.


VERSÍCULO FINAL




O bien: